La noche extendía sus alas oscuras dejando ver estrellas que brillaban como lentejuelas sobre una delicada tela de seda. Acompañando la oscuridad nocturna, el silencio, cómplice, oculto y a veces siniestro. Pero no le tenía miedo, ni a la ceguera de la hora ni al denso espacio vacío que la rodeaba.
Si hubiera llevado la cuenta habría alcanzado el número de diez, diez vueltas a la derecha, otras diez hacia la izquierda; a pesar de la hora el sueño no acudía a la llamada y eso la desesperaba. Mañana tendría que levantarse muy temprano y una taza de café no sería suficiente para borrar sus grisáceas ojeras. Otra vuelta más; más desesperación.
Se levantó y fue a la habitación desastre que adornaba cada rincón con una enorme caja de cartón marrón y una flecha roja señalando la dirección en que debía permanecer de pie. Muchas de ellas ya estaban abiertas y contenían ropa, zapatos y algún que otro cachivache de la cocina; la mudanza se hacía eterna y es que no encontraba tiempo para dejarlo todo listo y hacerse a la idea de que aquélla era su nueva casa.
Buscaba una de las más pesadas, aquella que tuviera en un lateral escrito “LIBROS”. Era muy triste que en dos meses no hubiera sentido la necesidad de buscarla.
- “libros, libros, libros... ¿dónde la he metido?”
abrió aquí y allá y detrás de un viejo biombo que debía restaurar después de completar su mudanza asomaba una caja enorme y aún cerrada.
- “ésa es”
Cogió el cúter que guardaba en el cajón de su mesa de ordenador y rasgó el fixo con una precisión de cirujano.
Allí estaban, pilas y pilas de libros desordenados, mezclados los modernos y los clásicos, los poemas y el teatro. Debido a la falta de sueño, pensó sacarlos todos y quitarles el polvo. Y así lo hizo, repasando nombres que hacía mucho que no leía en voz baja: Bécquer, Mary Shelly, Jorge Bucay, Conrad, Jose Luis Sampedro...
- “¿y éste?”
Entre aquellos libros bien encuadernados se escondía un pequeño libreto estropeado, gris, dejando ver los hilos que cosían las hojas, hojas amarillentas y colocadas una y otra vez siguiendo la numeración.
- “Cuentos para príncipes y princesas”
Sus ojos se iluminaron. Llevaba años sin acordarse de que en algún rincón de su casa permanecía aquel regalo de su comunión. Se lo entregó su profesora Ana, aquella mujer cuarentona que tantos mimos le daba, sin duda la consideraba su preferida. La seño Ana...
Abrió la primera hoja y aún legible sumergía la dedicatoria:
“Para Aurora, aquella que cabalgó en el alba atravesando la noche trayendo en sus manos luz a esta mañana”
La señorita Ana...
La invadió una nostalgia cálida y asomaron tímidamente los rostros de sus compañeros, el color azul de su babi, las ceras extendidas sobre la mesa, los belenes hechos de plastilinas, los vasitos de colores con sus nombres... y su añoranza se hizo mucho más cálida.
-“Me llevaré éste”
Sin molestarse en volver a meter en su nido aquellos libros, apagó la luz del cuarto y se metió de nuevo en la cama. Se detuvo un segundo apretando contra su pecho el libro como si se preparara para iniciar una increíble aventura.
(continuará...)
Gracias, Antonio, por llevarme hasta esta canción
lunes, 22 de junio de 2009
viernes, 19 de junio de 2009
ayer estuve en Granada, en la consulta de la homeópata pero al final hicimos un cambio de planes, decidí que no quería hablar de nada, no era el día.
Después estuvimos dando una vuelta por el Paseo de García Lorca y nos fuimos a tomar algo. Es increíble el ambiente que hay allí, la cantidad de estudiantes que te encuentras en todos los rincones: tirados sobre el césped, sentados en las terrazas con las carpetas sobre la mesa, frente a sus cañas en vasos congelados, hablando en grupos en cada esquina... y siempre parecen mucho más felices que tú.
Sentí mucha nostalgia, muchísima y entonces me pregunté cómo pueden cambiar tanto las cosas. Es asombroso cómo se complica la vida incluso cuando las cosas van bien. Nos volvemos mucho más serios y de pronto la vida tiene una cara mucho más dramática. No sé si es porque perdemos las relaciones sociales o por las responsabilidades del trabajo, de la familia... lo que está claro es que al final cambiamos, para mí ése es el problema incomprensible, que todos cambiamos.
Tal vez ahora nos aferramos más a lo malo que traen las circunstancias y nos permitimos muchas menos cosas que nos hacen sentir bien. Pero supongo que no hay nada irremedible en esto.
Esa nostalgia te hace recordar y pensar en muchas cosas y a veces, sólo a veces, te despierta algo dentro.
Después estuvimos dando una vuelta por el Paseo de García Lorca y nos fuimos a tomar algo. Es increíble el ambiente que hay allí, la cantidad de estudiantes que te encuentras en todos los rincones: tirados sobre el césped, sentados en las terrazas con las carpetas sobre la mesa, frente a sus cañas en vasos congelados, hablando en grupos en cada esquina... y siempre parecen mucho más felices que tú.
Sentí mucha nostalgia, muchísima y entonces me pregunté cómo pueden cambiar tanto las cosas. Es asombroso cómo se complica la vida incluso cuando las cosas van bien. Nos volvemos mucho más serios y de pronto la vida tiene una cara mucho más dramática. No sé si es porque perdemos las relaciones sociales o por las responsabilidades del trabajo, de la familia... lo que está claro es que al final cambiamos, para mí ése es el problema incomprensible, que todos cambiamos.
Tal vez ahora nos aferramos más a lo malo que traen las circunstancias y nos permitimos muchas menos cosas que nos hacen sentir bien. Pero supongo que no hay nada irremedible en esto.
Esa nostalgia te hace recordar y pensar en muchas cosas y a veces, sólo a veces, te despierta algo dentro.
lunes, 15 de junio de 2009
Observaba su respiración. Frente a él su cabeza reposaba plácidamente sobre la almohada y su pelo era una fina alfombra que se esparcía caprichosamente abandonándose al sueño.
A pocos centímetros tenía su brazo que cubría parte de la cara. Tras él los ojos dulcemente cerrados, anclados en un país lejano y surmergiéndose en la fantasía que ella representaba.
"¿Qué soñaría?" Él soñaba con ella, sobre todo mientras no dormía, siempre soñaba despierto. Había imaginado aquel momento demasiadas veces y temía que se le escapara en la oscuridad de aquella noche. No apartaba la mirada y dibujaba en su mente cada detalle, reteniéndolo para evocarlo al día siguiente, cuando ella ya no estuviera a su lado.
Respiraba ligeramente y el aire que exhalaba ondeba un mechón que cubría su cara. Sus labios eran perfectos, todo lo perfectos que él había deseado y su piel olía a ella, simplemente a ella. El olor más preciado.
"¡Quédate a mi lado!", le decía al oido sin pronunciar ni una sola palabra. La necesitaba pero no podía decírselo. La deseaba cuando sólo podía ser una imagen perfecta de una noche aislada. Sin embargo lo habría abandonado todo por repetir aquella escena noche tras noche, por rozar su cuerpo con una mano, por apartar su pelo con apenas una caricia. Todo. Un día, una vida. Todo. Una locura, sólo por sentirse eternamente como se sentía ahora. Una locura que hubiera perseguido siempre.
"¿Qué pasará mañana?". Dejar de soñar es duro cuando la vida está llena de realidades que se alejan de las fantasías. Apretaba los puños creyendo que así alejaría el tiempo y retardaría el paso de las horas. Mañana no debía llegar y aquella noche debía ser mucho más larga. Y estaba pasando, notaba que pasaba de largo. ¿Dónde, cuándo y cómo? ¿Podría volver a tocarla mientras dormía? Volverían los días en los que imaginaría qué sería estar a su lado, sólo eso.
"¡Quédate a mi lado!"
Le horrorizaba pensar que todo acababa en aquel mismo lugar, que su momento y su oportunidad cesaban y que soñar no le era suficiente. Una palabra, un sólo gesto y todo aquello quedaría reducido a nada. Lo sabía desde el primer día pero se aferró a la absurda esperanza de que quizá todo podría acabar de otra manera, de otro modo. En el fondo de sí mismo sabía que nada de esto era posible.
Mañana no estaría y la echaría terriblemente de menos. Era la única certeza que tenía. Y guardaría bajo llave sus sentimientos, siempre muy dentro, y todas las lágrimas que su pecho derramaría sobre aquellos sueños.
A pocos centímetros tenía su brazo que cubría parte de la cara. Tras él los ojos dulcemente cerrados, anclados en un país lejano y surmergiéndose en la fantasía que ella representaba.
"¿Qué soñaría?" Él soñaba con ella, sobre todo mientras no dormía, siempre soñaba despierto. Había imaginado aquel momento demasiadas veces y temía que se le escapara en la oscuridad de aquella noche. No apartaba la mirada y dibujaba en su mente cada detalle, reteniéndolo para evocarlo al día siguiente, cuando ella ya no estuviera a su lado.
Respiraba ligeramente y el aire que exhalaba ondeba un mechón que cubría su cara. Sus labios eran perfectos, todo lo perfectos que él había deseado y su piel olía a ella, simplemente a ella. El olor más preciado.
"¡Quédate a mi lado!", le decía al oido sin pronunciar ni una sola palabra. La necesitaba pero no podía decírselo. La deseaba cuando sólo podía ser una imagen perfecta de una noche aislada. Sin embargo lo habría abandonado todo por repetir aquella escena noche tras noche, por rozar su cuerpo con una mano, por apartar su pelo con apenas una caricia. Todo. Un día, una vida. Todo. Una locura, sólo por sentirse eternamente como se sentía ahora. Una locura que hubiera perseguido siempre.
"¿Qué pasará mañana?". Dejar de soñar es duro cuando la vida está llena de realidades que se alejan de las fantasías. Apretaba los puños creyendo que así alejaría el tiempo y retardaría el paso de las horas. Mañana no debía llegar y aquella noche debía ser mucho más larga. Y estaba pasando, notaba que pasaba de largo. ¿Dónde, cuándo y cómo? ¿Podría volver a tocarla mientras dormía? Volverían los días en los que imaginaría qué sería estar a su lado, sólo eso.
"¡Quédate a mi lado!"
Le horrorizaba pensar que todo acababa en aquel mismo lugar, que su momento y su oportunidad cesaban y que soñar no le era suficiente. Una palabra, un sólo gesto y todo aquello quedaría reducido a nada. Lo sabía desde el primer día pero se aferró a la absurda esperanza de que quizá todo podría acabar de otra manera, de otro modo. En el fondo de sí mismo sabía que nada de esto era posible.
Mañana no estaría y la echaría terriblemente de menos. Era la única certeza que tenía. Y guardaría bajo llave sus sentimientos, siempre muy dentro, y todas las lágrimas que su pecho derramaría sobre aquellos sueños.
martes, 26 de mayo de 2009
AM I EVER GONNA CHANGE?
I'm tired of being me,
and I don't like what I see.
I'm not who I appear to be,
so I start off every day
down on my knees I will pray
for a change in any way.
But as the day goes by
I live through another lie,
if it's any wonder why.
Am I ever gonna change?
Will I always stay the same?
If I say one thing then I do the other,
it's the same old song that goes on forever.
Am I ever gonna change?
I'm the only one to blame.
When I think I'm right, I wing up wrong.
It's a futile fight gone on too long.
Please, tell me if it's true,
am I too old to start anew?
cause that's what I want to do.
But time and time again,
when I think I can,
I fall short in the end.
So why do I even try?
Will it matter when I die?
Can anyone hear my cry?
Am I ever gonna change?
Take ir day by day.
My will is weak
and my flesh too strong.
This peace I seek,
till thy Kingdom comes.
Extreme.
I'm tired of being me,
and I don't like what I see.
I'm not who I appear to be,
so I start off every day
down on my knees I will pray
for a change in any way.
But as the day goes by
I live through another lie,
if it's any wonder why.
Am I ever gonna change?
Will I always stay the same?
If I say one thing then I do the other,
it's the same old song that goes on forever.
Am I ever gonna change?
I'm the only one to blame.
When I think I'm right, I wing up wrong.
It's a futile fight gone on too long.
Please, tell me if it's true,
am I too old to start anew?
cause that's what I want to do.
But time and time again,
when I think I can,
I fall short in the end.
So why do I even try?
Will it matter when I die?
Can anyone hear my cry?
Am I ever gonna change?
Take ir day by day.
My will is weak
and my flesh too strong.
This peace I seek,
till thy Kingdom comes.
Extreme.
jueves, 4 de diciembre de 2008

El otoño sigue con su paso presto y empieza a descender la ladera anaranjada de hojas muertas. Y los atardeceres llegan antes, y se van más tarde, y el transcurso lento de las horas se desliza quedo en los oscuros rincones de la noche fría. Y en este corto trance de luz natural se condensan los colores que en primavera surgen en orden en un cielo lejano e indiferente.
Frente a mí van desfilando velozmente manadas de nubes tupidas y gruesas y en un minuto recorren de lado a lado mi ventana. El viento acelera su paso y las conduce a algún destino que desconozco y me inquieta. Y todo se llena de vida propia y de aquel latido invisible que alimenta las arterias de un mundo que acontece muy lejos del alcance de mi mano.
Clavo mi mirada encima de los tejados y creo que con estas nubes se va parte de mi alma y de aquellos sueños que nacieron para ser enterrados. Y noto cómo el viento los arrastra... lejos, muy lejos... por encima del cielo, por encima de las oscuras nubes que se pierden en la distancia... más allá de la luz y de la oscuridad que marca el tiempo... sobre el palpitar incesante que se escucha en mi pecho. Y creo que si me empeñara en seguir aquí sentada, para siempre, si mi voluntad cayera rendida al suelo, para siempre, si mi fuerza y mi gana sucumbieran ante la derrota del no puedo, para siempre, si mi anhelo de vida se extraviara en los caminos confusos que se enredan bajo mi mirada, para siempre, la vida que hallo fuera avanzaría sin mirar a través de mi ventana, sin ver mis ojos perdidos en la lejanía de sus pisadas. No me dedicaría un adiós último y lacónico.
¿Qué quedaría de mí? Una figura de piedra y mármol ahogada en los sollozos de la lástima que de sí misma levanta, una imagen triste y abatida de una vida que se gastó en la nada, de una oportunidad maldecida y desperdiciada, de la sombra de una figura hermosa que durmió en los velos taciturnos de la traición de su propia fragancia. Y así me abandonaría este cielo, desviando su mirada contra el viento, sin pronunciar más que silencio.
Ni un adiós último y lacónico. Nada.
La tenebrosidad más profunda ha levantado su capa sobre las casas. El viento aúlla entre las tejas rotas y levanta los pétalos fucsias de mi buganvilla mal cuidada. El frío ha anclado en este puerto de almas encerradas. Las calles descansan afligidas y esperan que lleguen las primeras voces de la mañana. El aliento se ha convertido en vaho gélido que dibuja figuras extrañas. Las llamas de los fuegos crepitan sobre camas ennegrecidas de ladrillos. Las chimeneas exhalan el humo de sus cigarros encendidos. Y el silencio es más silencio, una compañía más duradera que llegará a dormir sobre la almohada dándome la espalda.
La última nube tardía y postrera ha arrastrado de su nebulosa mano aquella oscuridad hermosa que hoy se anuncia con traje de gala bordado con lentejuelas doradas.
La visión que se extiende de nuevo me calma y me calla. Ya no hay más palabras. La figura de mí misma que rehuyo se convierte sólo en una pieza minúscula del incalculable reparto de personajes diversos y extraños en esta novela eterna e inacabada. Y entonces me pregunto qué sería de esta obra sin esta pequeña pieza mal creada, qué sería del argumento de este momento si mi voz no se escuchara, de este discurso maltrecho si falta sólo una palabra.
Y de nuevo miro al cielo. Múltiples destellos cimbreantes adornan la atormentadora infinidad profunda y se ríen del vértigo que se aleja entre sus trajes espumosos de áureas telas bordadas. Y de pronto todas aquellas luces lejanas dejan de existir un momento. Delante de mí aparece sólo una estrella, frente a mis ojos. Ha dejado su baile incesante y se ha detenido un momento, sólo para mirarme, ella entre un millón de estrellas. Sólo una. Y me mira sin parpadear ni un segundo.
Casi la veo acercarse despacio, muy despacio, con zapatos de ballet blancos, y así descender de su lecho tranquilo para acostarse en la comisura suave que le ofrece mi mano. Y su rastro rítmico y pausado calienta la indiferencia que antes me abrazaba con fuerza y me cuenta una historia nueva, con un tono sosegado y tranquilo y cada verbo que pronuncia cierra las cortinas de mis ojos para elevarme por encima de este cielo ahora roto. Se acerca al hilo que dibuja mis labios y en su sigilo estrepitoso lleno de secretos deja descansar su primer beso.
Si mi alma se perdiera en el abismo de mis palabras calladas y de mis pensamientos clavados en la cima del ensueño, si entonces este personaje con un discurso de un segundo desapareciera en el escenario tras el telón oscuro, ¿lloraría esta estrella? Si supiera que caería una lágrima de su cara encendida para posarse en la mejilla fría del olvido, entonces caminaría, siempre, hacia ella, para que me murmure al oído que me echaría de menos y que mi ausencia sería tan grande como que desapareciera del cielo una estrella.
Y mientras pensaré en ese beso, en aquel roce inocente e ingenuo, en la imagen que quedó clavada en mis labios y en mi cuerpo de aquella luz cegadora alejándose por un camino inseguro y confuso pero abriendo paso al respiro de su dulce voz muda que me habla en susurros. Y esta noche será menos oscura porque la luz que me ha dejado ha entrado por mis labios.
Dejaré en el alféizar de mi ventana un beso congelado para que lo recoja en la mañana, porque mañana llegará, sólo para ella, para que guarde mi regalo en el fondo de su vestido hecho con jirones de belleza.
jueves, 27 de noviembre de 2008
Hace unas semanas estuve hablando con un amigo de los políticos. Yo afirmaba que todos terminan corrompiéndose;él argumentaba que muchas veces aquellos que juegan con el papel de corruptibles son los corruptos, porque, ¿quién es más corrupto: el que pone la mano o el que ofrece?
Intenté explicarle que para mí la corrupción va inexorablemente unida al poder y, por lo tanto, más allá de lo que es la política porque trasciende a todo aquello que significa dominio y superioridad, incluso en aquellos casos en los que ni siquiera somos conscientes de ello. Quizá somos más corruptos cuanto más conscientes somos y cuanta más constancia tenemos del poder que estamos usando.
Lo mismo ocurre en las relaciones.
En muchas relaciones, sean del tipo que sean, siempre hay alguien que da y se da en mayor cantidad. Cuando el otro es consciente de la entrega que se le ofrece toma en sus manos ese poder que en ningún caso quiere usar. Pero lo usa. Al principio de manera inconsciente, hasta que llega quizá el momento en el que es consciente de su superioridad en esa relación. Tal vez llegado ese punto lo honesto es dejar que la otra persona pase de largo , como alguien me dijo hace poco, tener un acto de absoluta generosidad al comprobar que no puede ofrecer lo mismo, ni siquiera hay interés en hacerlo ni propósito de conseguirlo. Un acto de Generosidad.
Todos en cierto momento hemos usado este poder. Yo misma lo he hecho. Cuando me he dado cuenta he sentido vergüenza.
Es tentador saber que la gente estará ahí siempre, incondicionalmente, y eso nos hace sentir esenciales e irremplazables. En esos casos lo mejor es hacer despertar a aquel que se entrega y decirle, "no, quítale el poder que le estás dando porque al final lo corromperá y te hará daño".
Supongo que esa corrupción no nos queda tan lejos y quizá en todos está ese deseo de controlar a veces las situaciones, a veces a las personas. Sin embargo, ¡con cuanta facilidad se pasa de un lado al otro!
LOVE OF MY LIFE
Love of my life - you hurt me,
You broken my heart and now you leave me.
Love of my life can't you see,
Bring it back, bring it back,
Don't take it away from me, because you don't know, what it means to me.
Love of my life don't leave me,
You've stolen my love, you now desert me,
Love of my life can't you see,
Bring it back, bring it back,
Don't take it away from me because you don't know - what it means to me.
You won't remember -
When this is blown over
And everything's all by the way -
When I get older
I will be there by your side to remind you how I still love you - still
love you.
Back - hurry back,
Don't take it away from me, because you don't know what it means to me -
Love of my life
Love of my life...
martes, 18 de noviembre de 2008
A pesar de que el vídeo no es nada bueno y en cualquier momento, si alguien me lo enviara, lo definiría como una empalagosa etiqueta que no le hace justicia a una canción, quiero agradecerle a mi querido amigo Antonio el Malo o, siendo más benévola, el Nuevo, que me haya mostrado esta canción. No sé si me gusta o simplemente me ha llegado en un momento en el que todo lo que se diga casi en susurros me emociona. Sea como sea aquí está, por algo será, ¿no?
"Sólo tengo ojos para ti"
En quellos ojos que suelen estar cerrados, en esa mirada que no va más allá de lo que dentro fluye y palpita, en aquella visión que dicta tácitamente la imagen abstracta de una presencia lejana, ahí, justo en ese lugar, quedan bajo la luz cegadora los secretos que sólo mis ojos invisibles pueden guardar y callar.
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